Cuando el criptoanalista tiene texto cifrado y el texto normal correspondiente se enfrenta al problema de texto cifrado de texto normal conocido.
Si la trama llega corrupta, el receptor la descartará.
Son frases sacadas de apuntes de un par de amigos que estudian Teleco. En concreto, la superior.
A veces no está bien sacar las cosas de contexto porque se pierde su significado original y entonces uno no se entera de nada. Pero si queda algo divertido o extraño (al menos para alguien profano en la materia) en esa expresión, tened por seguro que la sacaré de contexto.
Me encanta sacarle otro sentido a las cosas. Y la segunda oración en seguida se convirtió en mi favorita para hacer eso. Además, se lo comentaba a un teleco y decía que era una frase completamente normal y que no le veía nada extraño. Forzando un poco y explicándole mi punto de vista conseguñi verle el lado cómico.
La primera parece un trabalenguas, por eso me hace gracia. Claro que lo mismo pueden decir de alguna expresión de mis apuntes. Que a mí me parecerá completamente normal (o no) y a ellos curiosa.
Me llamó una amiga por teléfono para tomar un café y le pregunté por su voz, pues en cuanto dijo hola noté que se estaba quedando afónica; y me dijo "aunque mi voz... y yo tuve que seguir la canción de Juan Benito, que lleva por título Lo que pudo haber sido:
Aunque mi voz suene cansada aunque te escriba canciones con rabia aunque te muestre mi cara y careta quiero que sepas que me tienes cerca y no fallé en esos consejos ¿quién es ahora la ciega en el cuento? Te he demostrao' tirar para 'alante' quiero que pienses... en lo que pudo haber sido.
Aunque el dolor el tiempo amargue frené mi cabeza, dejé de quejarme, cogí mi locura manché tu cintura, champán y unas velas tan cruel como antes. "Haz el favor de no destrozarme" decías perdida con rostro arrogante que más me da ahora vengarme quiero que pienses... en lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido en lo que pudo haber sido
Entre tú y yo y un mar de ilusiones se queda lo absurdo, se cierran pasiones un llanto avisa y sin oír nada perdí tu cariño no pude hacer nada y no fallé en esos consejos ¿quién es ahora la ciega en el cuento? Te he demostrao' tirar para 'alante' quiero que pienses... en lo que pudo haber sido
Y no fallé en esos consejos ¿quién es ahora la ciega en el cuento? Te he demostrao' tirar para 'alante' quiero que pienses... en lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido en lo que pudo haber sido
Aunque el dolor el tiempo amargue frené mi cabeza, dejé de quejarme, cogí mi locura manché tu cintura champán y unas velas tan cruel como antes. "Haz el favor de no destrozarme" decías perdida con rostro arrogante que más me da ahora vengarme quiero que pienses... en lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido lo que pudo haber sido en lo que pudo haber sido
Aunque mi voz suene cansada aunque te escriba canciones con rabia aunque te muestre mi cara y careta quiero que sepas que me tienes cerca que me tienes cerca.
Recuerdo que pedí su disco, Asuntos Internos a los Reyes Magos hace... años. Al menos calculo que 7 u 8, allá por 2002 o 2003. Me ha resultado grato saber que también ha habido otros a los que les gustó. Pero se ve que no fuimos suficientes, pues después de esas doce canciones, por lo que leo, parece que no ha grabado nada más.
Videoclip de otra canción que no recordaba, pero que nada más escuchar el estribillo ya canto, La reina del Bulevar:
Piano. Suave. Lento. Como las olas. Como tu pelo. Como tus ojos. Como mis dedos. Piano. Dulce y amargo. Como la brisa. Como tus labios. Como tus ojos. Como mis manos. Piano. Ágil y fuerte. Como la marea. Como tus manos. Como tu lengua. Como mi cabeza.
Cuando se presenta un trayecto hay muchas cosas en las que ocupar el tiempo (apuntes que estudiar, ese libro que ya me atrapó, la película que pongan, conversaciones ajenas, hablar por teléfono, ...). Pero una ha podido conmigo: escuchar esta canción una decena de veces.
Hacer inventario es una expresión muy oída en determinadas épocas del año. ¡Ay cuando a una empresa le toca hacer inventario! Una amiga salía a las 22h. del trabajo si le tocaba. Y eso es ineludible.
Según la rae, inventario: (Del lat. inventarĭum). 1. m. Asiento de los bienes y demás cosas pertenecientes a una persona o comunidad, hecho con orden y precisión. 2. m. Papel o documento en que están escritas dichas cosas.
Y nos dirige a libro de inventarios: 1. m. Com. Aquel en que periódicamente se han de hacer constar todos los bienes y derechos del activo y todas las deudas y obligaciones del pasivo de cada comerciante, persona natural o jurídica, y balance general de su giro.
Es decir, casi nada. En la empresa donde trabajaba aquella amiga creo recordar que lo hacían en abril. Aunque ahora me suena septiembre. Bueno, lo que quería decir es que no es obligatorio que sea Nochebuena o Navidad para hacer inventario. Eso sí en televisión no hay escapatoria. Hace una semana que ya se emitió un resumen de las noticias más importantes del año ¿Y si pasa algo gordo hoy? ¿Harán un remake?
En los medios parece que no queda otra que seleccionar la imagen del año, la frase del año (recordemos aquel "¿Por qué no te callas?"), el diputado del año, la noticia del año, el coche del año, el producto del año, la película del año, ... y así sucesivamente. Y la locución 'del año' ha hecho que dé con esta entrada de un blog: http://lamediahostia.blogspot.com/2009/12/elige-al-hijo-de-puta-del-ano-2009.html
En vez de disfrutar de unos días de la familia o del trabajo (¿disfrutar y trabajo en la misma frase? vaya) o de los amigos o de un viaje a Yucatán (por ejemplo) o todo junto (y a poquitos) debemos dedicarnos a pensar qué nos marcó y a elaborar una lista de propósitos para el próximo año.
¿La imagen de esta entrada? Una "del año". De acuerdo, es la segunda imagen que sale al poner 'del año' en google: el calendario celta o rueda del año.
Un saludo, y feliz año nuevo, a todo el que pase por aquí.
El otro día vi llorar a dos personas. Y sin esperarlo.
La primera, en el autobús. Me senté frente a una chica que tendría mi edad, más o menos. Por sus mejillas corrían ya algunas lágrimas. La miré, con mis auriculares puestos, y me devolvió la mirada. No se escondió. La sostuve un par de segundos y la esquivé. Miré hacia el cristal, pensando que era un momento íntimo que no tenía derecho a usurpar.
Se enjugó las lágrimas un poco, sin brusquedad, con el puño de su jersey, que sobresalía de la manga de su abrigo. Una gruesa bufanda de tonos rosas con dibujos blancos le caía despreocupadamente desde el cuello hasta por debajo de las rodillas. Parecía querer ir al suelo, pero a ella no le importaba. Unos minutos después, seguía preguntándome la razón de su pesar. Se bajó antes que yo. Y la sensación de despreocupación por todo, salvo por lo que la hacía llorar; fue más notoria, pues la mujer que iba a su lado le colocó su bufanda sobre su hombro derecho, al estar a punto de pisarla o de arrastrarla.
La segunda, en el hospital. Unos 60 años, 1'80 y pico de altura, 110 kg. No te imaginas que vaya a romper a llorar un hombre así. Pero así fue. También de repente. La familia a veces consiga que lloremos. Un disgusto grave con su hijo, el pequeño y el único varón. Una situación difícil en el trabajo: no tiene a nadie que le ayude con las ovejas y, estando en el hospital, nadie las está cuidando bien Y un médico que se interesa por su bienestar.
El control de su diabetes había sido deficiente estos meses. Al preguntarle el doctor si algo le ha preocupado, reconoce que sí. El hombre duda. El doctor le pregunta si quiere contárselo y aquel accede. El disgusto del hijo y su situación hace que se desborde. Parece que le da pena que le veamos así, pues se cubre la cara con la mano derecha. Solloza. Conteniéndose. Que esté descalzo le hace parecer más vulnerable. Le han ingresado esta mañana y aún no le han traído zapatillas.
No, no voy a contar cómo han sido los últimos veinte años de Alemania o qué provincias están en alerta en España o si la Cámara de Representantes de EEUU ha aprobado la reforma sanitaria.
Recibir noticias de una amiga que está a cinco mil kilómetros siempre es alegre. Que te cuente su día a día cuando hace casi un año que no la ves y hace seis meses que está a esa distancia. Que te cuente sus problemas y que te pida consejo, sean de la naturaleza que sean. Que te hable de cómo está su familia y las nuevas amistades que ha ido haciendo. Así como recuerde los amigos con los habéis compartido fines de semana muy intensos.
Al mismo tiempo, aunque sea en dos días, volveré a escribirle otro correo igual de largo y tan sentido como el suyo. Con mi día a día, con mis últimos problemas (hace mes y medio de mi último correo). Con mis sueños, con mis dudas. Pidiéndole también consejo y dándole los que creo oportunos para ella. Y mandándole otro beso enorme, por supuesto.
Otra amiga está más cerca: a poco más de mil kilómetros. Pero ella no está con su familia y sólo lleva un mes fuera de casa. La veré esta semana, pues tiene unos días de vacaciones. Es una de esas amigas con las que tuve confianza, como con la anterior, desde el primer momento. Además, ambas están al tanto de mis anhelos más profundos.
La comunicación entre nosotros es mediante otro idioma a medio camino entre su país y el mío, aunque el castellano lo habla cada vez mejor. Espero me cuente su nueva vida en una ciudad tan famosa como París. Mientras, yo le hablaré de lo poco que ha cambiado ésta, pues ya ha estado varias veces. La última, a primeros de septiembre.
Y no hace ni veinte minutos que he recibido noticias de otra amiga que estará en España en una semana por seis días y a la que es muy difícil que pueda ver. Con ella hablo más a menudo, la verdad, y también en el mismo idioma que con la anterior. Esto no es un dificultad, por mucho que no sea mi lengua materna, pues digamos que es la suya a medias. Y sobre todo no es una dicultad porque los sentimientos son universales.
Ni que decir tiene que dado que hablamos más a menudo, y compartí un par de semanas inolvidables en su país hace más de un año, y ella conmigo a finales de agosto otro par de días inolvidables; los sentimientos, que ella bien conoce tras confesárselos dos veces (en su país y hace tres semanas), están a flor de piel. Ganas me dan de liarme la manta a la cabeza y acudir presto a verla. Aunque sea para medio día. [Aunque en la ciudad a la que va esta tecera amiga tengo una cuarta que trasladó allí su expediente y que ya me ha preguntado cuándo voy a verla...]
Alguna vez nos habremos visto implicados en algo que nos emocione. Algunas personas emocionan. Una obra de teatro en vivo. Una película (por su música, las miradas de los protagonistas, su historia, ...).
Pero que me emocione un libro hasta el punto de tener que cerrarlo y dejarlo sobre la mesa vuelto del revés sólo me ha pasado dos veces en mi larga trayectoria de lector -que empieza desde que tengo memoria-.
Este fin de semana acabé un libro, no sin cierto pesar, cuya historia era muy dura y al mismo tiempo muy bonita. Mi hermano, viéndome llorar como si nada y tal vez con cierto aire melancólico, me preguntó que qué me pasaba. Le dije:
en este libro hay muchas cosas que asimilar
Pero te las cuentan sin clichés. Sin trucos fáciles. Y me vi en varias ocasiones en ese punto en el que me era necesario soltar el libro, pese a las ganas de seguir leyendo, y tomar aire.
Este libro narra la historia de una niña que se ve obligada a ser dada en adopción a Un detalle: Alemania, 1939. Ya podéis imaginar varias razones -todas muy poderosas- para abandonar -no hay otra palabra- a tu hija de 9 años. Pues esto no es más que el comienzo, pues pronto empezará la guerra y a sus (nuevos) padres y a ella, así como a sus amigos, podrá pasarles de todo. La ladrona de libros, del polaco Markus Zusak. Narrado por quien sólo podía hacerlo.
El otro libro con el lloré trataba acerca de un chico que descubre unos sentimientos que le dan miedo y por los que pone en peligro la vida de otra persona. Se llama El viaje de Marcos y es de Óscar Hernández. Y, por lo que leo, ganador del IV Premio Odisea de literatura en el año 2002. Pero no os fiéis de los premios, que hay ejemplos inmerecidos en muchos de ellos.
Ya he cogido otro libro. No me cuesta nada evadirme con historias que sucedan hace cicuenta años o anteayer a diez minutos de mi hogar o a seis mil kilómetros. Lo sé. Y me encanta.
Moonlight.
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Cuando el criptoanalista tiene texto cifrado y el texto normal
correspondiente se enfrenta al problema de texto cifrado de texto normal
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última canc...
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valles y...